Posteado por: Víctor | 19/01/2011

Chicabal y Siete Orejas

¡Hasta la cumbre!

Los amigos de K’ashem prometían un fin de semana para toda la familia ascendiendo a dos volcanes: Volcán y Laguna de Chicabal (2.900 msnm) y Volcán Siete Orejas (3.370 msnm). Desde que llegué a Guate tenía pendiente subir a algún volcán de los muchos que hay aquí. Lo más normal si vienes de turismo es subir el Pacaya. Ahí se puede ir en cualquier momento ya que está muy cerca de la ciudad y hay empresas que van todos los días. Necesitaba algo más emocionante 😛

Salimos el sábado a eso de las 7 de la mañana y después de unas 5 horas de camino en un chicken bus llegamos a San Martín Sacatepéquez un pequeño pueblo desde el que parte el camino hacia el Parque y Laguna de Chicabal.

La primera parte del camino fue fácil aunque las primeras rampas están bastante empinadas, enseguida se llega a un sendero escondido entre la maleza que te lleva directo hasta la cumbre del Chicabal. ¿Una cumbre en poco más de una hora? ¡¿Pero esto que es?! La cumbre como tal no tiene nada especial, de hecho, si no te dijeran que es una cumbre ni siquiera lo sabrías porque la vegetación que hay alrededor no te deja ver nada.

Cumbre del Chicabal

Laguna Chicabal

Desde ahí y por otro sendero escondido se llega al mirador de la laguna de Chicabal. Esta laguna es sagrada para la comunidad mam por lo que no se debe uno bañar en ella para evitar que el agua se ensucie y pierda su carácter sagrado. La verdad es que la niebla que se forma sobre ella al atardecer y al amanecer le dan un toque místico.

Laguna de Chicabal

Esa noche tocó acampar al lado de la laguna y parecía que el tiempo, aunque nublado, respetaría. Después de cenar y meternos en la tienda carpa y en el saco sleeping, el frío era de esos que hacen que te replantees volver a acampar al 2.400m. Tenía los pies como dos barras de hielo. Es una de las noches que más frío he pasado últimamente. Por lo visto y según dice la gente que llevaba termómetro, llegamos a -2ºC.

De poco sirvió el fuego

El cocinero

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

592 escalones

Así que después de dormir poco y mal, a las 5:30 de la mañana nos pusimos en pie para ver el amanecer, pero para llegar al mirador había que subir 592 escalones (sí, los conté) y no veas lo que cuesta eso a esas horas y sin haber desayunado aún. El espectáculo merece la pena. Ver salir el sol entre dos volcanes mientras otro está erupcionando es precioso.

Amanecer

 

 

 

 

Amanecer

Recogimos el campamento y bajamos hasta San Martín para empezar el ascenso al Siete Orejas. Se llama así porque alrededor del crater hay siete picos que se asimilan a las orejas del volcán. Empezamos a subir y este es otra historia. Las rampas son muy empinadas y no hay casi descansos en todo el trayecto, en el que te puedes cruzar con gente bajando troncos o fardos de leña que pueden pesar lo mismo que el tipo que los lleva.  Si ves a alguien cargado, apártate si no quieres morir arrollado porque no van a parar. Después de tres horitas de ascenso se llega a la cumbre que, al igual que el otro no tiene vistas, pero ahí están los altímetros para corroborar que has llegado.

Bajando leña

 

Bajando un tronco

 

 

 

 

 

 

San Martín

 

 

 

Vistas del tajumulco

 

 

 

 

 

 

 

La última ascensión que hice antes de venir fue a Monte Perdido y desde entonces mi estado de forma ha bajado hasta límites insospechados así que he decidido volver con el reto de Tony Horton porque estoy hecho un escombro. En febrero empiezo. ¿Acabaré esta vez?

Seguiremos informando.


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