Posteado por: Víctor | 25/10/2010

Atitlán

Este fin de semana ha tocado hacer el primer viaje por tierras Chapinas. En un principio, habíamos planeado ir a Semuc Champey pero a última hora, y como no todos salimos a la vez del trabajo, no había carros suficientes para ir. Así que nos dividimos y algunos fueron para allá y Maya, Marthe, Julen y yo decidimos cambiar de destino.

Depués de un gabinete de crisis en casa elegimos ir al Lago Atitlán. Ahora el problema era ¿cómo vamos? Después de las 3 de la tarde no salen buses para allá. Decisión: nos vamos el sábado por la mañana a primera hora, aprovechamos el día y volvemos el domingo después de comer. Pero milagrosamente, en ese momento a Marte le llama el Embajador de Noruega y se ofrece a llevarnos a Antigua para, al día siguiente, coger agarrar un chicken bus allí que nos lleve a Panajachel.

Y ahí que nos fuimos, con el Embajador de Noruega como chófer llevándonos a 4 locos a Antigua a las 7 de la tarde, inreíble. El carro parecía la ONU: el Embajador (noruego), su esposa (chilena), Maya (hispano-canadiense), Marte (noruega), Julen (vasco) y yo (manchego). Casi na.

Llegamos a Antigua y lo primero fué buscar alojamiento. Decidimos quedarnos en el Black Cat, un albergue para backpackers en el que por Q60 te dan alojamiento y desayuno. Compartimos habitación con un tipo de UK que iba a estar 3 semanas de ruta por Guatemala. Dejamos las mochilas y al guiri en la habitación y nos fuimos a cenar.

El mapa

Mientras cenábamos (yo tomé un sandwhich de roastbeef que estaba bastante bueno) empezamos a planear el viaje del día siguiente. Como Marte ya conocía el sitio, se ofreció a hacer un mapa del lugar con lo único que tenímos a mano en ese momento: una servilleta, ketchup y un bote de salsa picante. La verdad es que el dibujo quedó bastante resultón.

Ya que estábamos en Antigua nos fuimos a tomar algo antes de dormir. Encontramos un sitio bastante tranquilo en el que vendían shishas. Así que rememorando el día que salí con Julio por Madrid nos tomamos una de manzana con una Moza (cerveza del lugar) y la verdad es que al principipo pegaba pelotazo, pero estaba buena. Nos la acabamos y a dormir, que había que madrugar.

Nuestro transporte

Nos levantamos temprano, tomamos nuestro desayuno tradicional (me estoy aficionando a los desayunos chapines) y fuimos a la estación de autobuses. Aquello parece la jungla. Cientos de chicken buses que van a todas partes de Guatemala. Solo tienes que subir al que te lleve o pase por el lugar al que quieres ir. Estos buses llevan piloto, que no se de donde sacan el carné porque conducen como auténticos locos, y copiloto que es el que te va cantando por donde pasa y también hace de revisor cobrando al personal. Son los típicos autobuses que llevan a los niños al colegio en EEUU. Algunos de ellos están repintados con miles de colores y otros aún son amarillos con su cartel  de School Bus. Solo falta Otto conduciendo. Están hechos para niños, por lo que no esperes tener mucho espacio para las piernas entre filas de asientos. Los que somos un poco altos lo pasamos mal.

Hay que decir que aquí no hay paradas de bus. Simplemente tienes que ponerte en la carretera y unos metros antes de llegar oiras la bocina del bus y al copiloto gritándote el destino. Si te quieres subir, empieza a correr porque a no ser que seas muy viejo o haya mucha gente esperando no para, solo aminora la velocidad.

Lo de la bocina es todo un arte. Es la típica bocina de camión que para que suene tienes que tirar de una cuerdecita que cae del techo. Se usa para casi todo. Que ves a alguien andando por la carretera y crees que quiere subir al bus: tocas la bocina; que te cruzas con un colega que conduce otro bus: tocas la bocina; que pasas por mitad de un pueblo y los niños cruzan por cualquier sitio: tocas la bocina; que estás adelantando a un camión cargado con 30.000 lbs de tierra por una cuesta arriba, en una curva sin visibilidad, con doble linea continua, un carril por sentido y con otro camión que viene en sentido contrario: ¡ahí si que tocas la bocina!

Juan, el lanchero

Después de tres cambios de bus y un último tramo con unos resaltos de medio metro en la carretera, conseguimos llegar a Panajachel, donde alquilamos los servicios de Juan, un lanchero que se ofreció a llevarnos a Santiago Atitlán, esperarnos en el embarcadero hata que quieiéramos y después llevarnos hasta San Pedro de la Laguna. Después de unos 45 minutos en la lancha atravesando el lago más bonito del mundo (se le conoce así y la verdad que hace honor a ese nombre), llegamos a Santiago y al bajar nos asaltaron 2 ó 3 autóctonos que se ofrecían a hacernos de guía por el pueblo. Después de decirles un millón de veces que no queríamos un guía conseguimos quitárnoslos de encima. Caminamos por el pueblo, lleno de puestecitos en los que venden todo tipo de artesanía, comimos en un bar del lugar y regresamos al embarcadero en tuk-tuk. Pensaba que este trasnporte solo lo había en Asia pero no, aquí cada pueblecito tiene su propia flota de tuks-tuks.

Volcán San Pedro

Volvimos a la lancha de Juan y atravesamos el lago con el sol poniéndose tras el volcán San Pedro (3020 msnm) en un atardecer precioso. Al llegar a San Pedro buscamos sitio para dormir y fuimos a dar un paseo por el pueblo. Encontramos un lugar muy bonito para tomar un par de cervezas antes de cenar. Después de tantear el pueblo nos fuimos a cenar a un restaurante de un tipo de Oregón. Mientras cenábamos, en el piso de abajo se montó una buena fiesta. El local estaba lleno de guiris bailando al ritmo de un grupo de percusionistas que metían mucho ruido. Así que nos tomamos un par de copas allí aprovechando la ocasión y nos fuimos a dormir.

Al día siguiente, nos levantamos temprano para aprovechar el día pero parece que al tipo del bar donde desayunamos le daba igual y tardó como una hora en traernos nuestro desayuno chapín. Por lo menos se dignó a regalarnos una jarra de café por la tardanza.

Barriletes en Sta. Cruz

Agarramos una lancha dirección San Marcos de la Laguna y bajamos para ver el pueblo. Un pueblo pequeñito en el que hay varias escuelas de yoga y meditación. Después tocó Santa Cruz de la Laguna. A este pueblecito hay que subir en tuk-tuk desde elembarcadero. Poco más de 3 minutos de subida pero si lo haces a pie puedes tardar unos 20. Es el más pequeño de los pueblos que vimos y estaba lleno de niños que jugaban a volar sus barriletes construídos por ellos mismos con un par de cañas y algo de papel. Después de un pequeño paseo, bajamos al embarcadero y nos fuimos a Panajachel para agarrar otro bus que nos llevó de vuelta a Guatemala. Al fin, este fué directo y no tuvimos que hacer trasbordos asi que en poco más de 2:30 horas llegamos a casa.

Un fin de semana completito, que se presentaba negro pero que al final estuvo muy bien. La semana que viene toca visitar la isla de Roatán: sol, playa, aguas cristalinas y colococos tirado en una hamaca.

Seguiremos informando.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: